Potenciar a las personas y trabajar por la equidad son dos fuerzas que nos mueven todos los días. Por eso decidimos integrarlas. Y el #8M fue un gran disparador para llevar esta conversación a los espacios de trabajo.
El Día Internacional de la Mujer no es solo una fecha para conmemorar: es un llamado a frenar, mirar lo que aún falta y, sobre todo, actuar. Porque los datos están ahí. Las brechas también. Y si no las vemos, si no las nombramos, se siguen sosteniendo.
- Las mujeres ocupan solo el 28% de los cargos directivos a nivel mundial.
- En promedio ganan un 20% menos que los varones, incluso con igual experiencia.
- Superan a los varones en educación: mejores tasas de egreso, mejores promedios, más niveles de posgrado. (Fuente: OIT, 2024)
¿Hay una incongruencia ahí, no? Porque hay talento y capacidad de sobra, pero algo no está funcionando. El mismo informe señala que las empresas que promueven la inclusión de mujeres en puestos de gestión reportaron un aumento de beneficios de entre el 5% y el 20%, además de mayor productividad.
Desde MedioMundo creemos que el liderazgo es una construcción constante. Que requiere conciencia, apertura y la voluntad de revisar formas de hacer. Y que ninguna etiqueta debería limitar esa posibilidad. Por eso impulsamos programas que potencien el liderazgo, la gestión y la productividad de todas las personas.
En el marco del #8M, nos propusimos abrir la conversación sobre cómo construir espacios más inclusivos y equipos más potentes. Diseñamos un Conversatorio para reflexionar, compartir ideas y pensar acciones concretas.
Con eso en mente llevamos adelante dos encuentros en organizaciones con culturas y realidades distintas, pero un mismo objetivo: abrir espacios para cuestionar creencias arraigadas y pensar en conjunto cómo construir formas de liderar más justas, inclusivas y efectivas.
La propuesta se llamó “Liderazgo sin etiquetas”, y en ambos casos se trató de talleres participativos que invitaban a la reflexión, el intercambio y la acción.a reflexión, el intercambio y la acción.



En VML tuvimos un panel de mujeres líderes que compartieron su recorrido, los desafíos enfrentados y las estrategias que les permitieron avanzar en sus carreras. Hablamos de experiencias en carne propia, y también de datos e investigaciones que invitan a cuestionar creencias muy instaladas, como la idea de que las mujeres no llegan a puestos de decisión porque no tienen ambición, o que lideran con emociones en lugar de con racionalidad.
Después de esa primera parte, la conversación se abrió. Quienes estaban presentes —en la sala y del otro lado de la pantalla— compartieron experiencias, dudas y propuestas para empezar a mover cosas desde su propio “metro cuadrado”.



En Grey, la conversación arrancó con todo el equipo: unas 50 personas, con una participación muy activa de varones —algo que, seamos sinceras, no es tan común en estos espacios. Después del intercambio inicial, se trabajó en grupos para co-crear un manifiesto colectivo con compromisos concretos para promover un liderazgo sin etiquetas. Fue un espacio potente, con ideas valiosas, voces diversas y mucha voluntad de cambio. En ambos casos, trabajar con datos fue clave: pusieron en evidencia las brechas que todavía existen en el acceso a posiciones de liderazgo, la distribución de las tareas de cuidado, la brecha salarial o la falta de representación en tecnología. También permitieron abrir preguntas, escuchar distintas perspectivas y construir en conjunto.



Estos datos invitan a cuestionar mandatos de género que siguen presentes, muchas veces de forma invisible.
Desde MedioMundo creemos que el liderazgo no tiene que ver con el cargo, sino con la forma en que cada persona elige estar en los equipos, tomar decisiones, proponer, acompañar y transformar. Por eso, diseñamos experiencias que inviten a observar, sentir, pensar y accionar. Y por eso también celebramos cada espacio donde estas conversaciones pueden darse, porque sabemos que generan cambios reales.

